martes, 18 de mayo de 2021

Por una filosofía de la literatura

 


La lectura es un acto fundamental en el papel de la creación literaria. Muchos autores son influidos por diferentes textos que otros escritores deciden lanzar al mundo. De esa circunstancia se desencadena el acto de escribir. Y es que escribir va más allá de apuntar una visión a partir de la interpretación de un texto, también se relaciona con la experiencia que se tuvo en el mundo o un conocimiento de alguna ciencia o disciplina que puede ser desconocido para muchos. Roland Barthes en su “Lección inaugural” pone en discusión este hecho: el autor transmite todo tipo de saberes, que puede que no sean completos ni definitivos, pero le da una mirada distinta al traerlos a ese mundo que está creando, como semejando la concepción de un universo paralelo a la realidad. En este sentido, se puede decir que no solamente la lectura es lo que constituye una obra. Sin embargo, esa obra leída da elementos para que el autor encuentre el mejor camino de expresión, construya un estilo y transmita un mensaje.

No obstante, es inevitable preguntarse por la definición que da Derrida sobre literatura, la cual es vista como una institución que tiende a desbordarse a sí misma, es decir, no tiene límites establecidos, puede romper sus propias reglas. Ha ocurrido históricamente con la novela, pero también con otros géneros que no se han mantenido estáticos a lo largo del tiempo, tienden a mutar de acuerdo con el momento histórico y ese mismo momento nos deja leer las obras de antaño, las cuales nos siguen diciendo cosas valiosas y actuales.

Es indudable que a lo largo de esa misma historia la literatura se ha construido también sin perder de vista esas obras del pasado, ellas mismas han pavimentado el camino hacia el futuro y ese camino se llama tradición. Esto es patrimonio de los autores, pero -esto también hay que decirlo- los críticos han iluminado buena parte de ese camino, como arqueólogos han descubierto rastros perdidos, huellas agonizantes, han aportado muchos elementos para que ese camino se mantenga, han puesto en diálogo distintos autores. En este sentido muchos escritores también han fungido como críticos.

Steiner habla de que el crítico siempre quiere ser escritor, pero queda en el aire la duda de si el crítico al interpretar una obra no se convierte ya en un autor. Abre una senda distinta, dirige una luz diferente a otras que iluminaron un texto. “Escribe acerca de” … ¿No es esto también el acto de un creador? ¿Acaso el escritor no hace una lectura del mundo, de la historia, de su vida y el resultado no es la obra? ¿No abundan esos escritores que hablan de libros también o de otros autores? ¿Qué los diferencia del crítico? ¿No es injusto que sea investido con el título de “criado del poeta”?

Sin duda, el hecho de que mucha literatura se clasifique en géneros no ha impedido que haya obras que busquen una hibridación, que traten de comunicar ideas, argumentos, experimentando con la forma, dejándose llevar por el mecanismo e imbricándolo con el mensaje, como un tejido construido a partir de retazos, en el que la forma y el contenido son el resultado. La novela, por ejemplo, surge de esta hibridación y ha sido una hibridación exitosa, la cual busca constantemente escapar de una definición, tal vez por eso es el género más popular actualmente, ya que puede decirlo todo, de diversas maneras, como lo plantea Derrida, y sin duda que se ha convertido en la síntesis de lo que es o puede ser la literatura.

La novela ha permitido que las opiniones cuenten, que en ella también habiten resquicios del ensayo, el cual ha sido un género que se ha excluido muchas veces, como si las ideas no pudieran relacionarse con los hechos, con las fábulas, con las epifanías poéticas. Esas opiniones se han manifestado de muchas maneras, han atacado ciertas costumbres, han satirizado ciertos comportamientos e, incluso, han entrado en confrontación con otros libros. No debemos olvidar Don Quijote de la Mancha, cuyo antecedente fueron los libros de caballerías y buena parte de la literatura de la Edad Media y el Prerrenacimiento. Un libro en que, según Auerbach en su Mímesis, el mundo es visto como un juego, interpretación que ciertamente se queda corta, pero que no es desatinada en ningún sentido. Pues se puede inferir que ese juego es otra realidad que se pone sobre la mesa y ese es el papel de la literatura, representar lo real o, como dice Barthes, creer que es “sensato el deseo de lo imposible”. Esto es lo que debemos tener en cuenta, una definición de literatura que sea completa, que no solamente muestre la problemática del lenguaje barthesiana, aunque el lenguaje lo haga posible todo, que sea esa herramienta que permita salirse del poder, como Don Quijote de una razón estática y famélica.

También podemos tener en cuenta, en el campo literario, otra figura cercana al tiempo de Cervantes, pero que le apostó al ensayo, se trata de Michel de Montaigne. Este autor decidió hablar de sí mismo, pero a través del filtro de miles de circunstancias y de lecturas. Su conocimiento se enfocó en lo que tenía dentro de sí, en su particular visión de mundo. Quizás es un autor que se encuentra en esa delgada línea que separa la literatura de la filosofía. Y al tomar tanto el discurso de la novela como el del ensayo, ¿no está la literatura rompiendo sus propios límites? ¿Acaso las obras que aludan a otras obras no son lecturas creativas también? ¿No son posibilidad de literatura?

El ensayo es el lugar en donde se pone en juego la esencia misma de la escritura, las ideas, las opiniones, sin necesidad de actos y circunstancias como materia principal, aunque muchas de estas sirven para alimentar esas ideas y opiniones. Así se puede evidenciar en Montaigne. Y este tipo de discurso ha sido el preferido de los críticos literarios, cuyo centro quizá no es la vida misma, sino las obras de otros, las ideas y opiniones de otros. En este sentido, uno podría ver que el crítico analiza en cada obra esa promesa empeñada que es la literatura, según lo que Derrida declara en su entrevista.

Nos queda indagar sobre la pregunta: ¿qué es lo que separa al escritor del crítico? Ciertamente, acercándonos a Steiner, podría el estilo ser un elemento crucial en esta discusión. La forma como se muestra el contenido.  Hay muchos críticos que no muestran ese cuidado por la escritura, como si al hablar de la literatura no se pudiera recurrir a lo literario. La crítica no debería aspirar a una verdad absoluta, la literatura no lo hace. No debería proclamar consignas definitivas, sino también habitar ese terreno de lo imposible. Establecer la construcción de vínculos entre obras pertenece indudablemente al terreno de la especulación, al terreno de la creación. La crítica que busca encerrar en una caja conceptual la literatura se aleja irremediablemente de una crítica lúcida, ¿por qué mejor no sobrevolar el terreno de las preguntas y descender allí, como Steiner sugiere?

No es desatinado pensar en el hecho de que la crítica literaria también permite que la institución literaria se construya, de que ponga en evidencia obras o autores que han pasado desapercibidos en el tiempo. No son solo los lectores los que mantienen viva esa institución. Es necesario establecer también lecturas inteligentes, lecturas que trasciendan, que permitan a otros, quizá no estar de acuerdo, pero sí configurar otro tipo de conexiones. En cada lector, hay callado un creador y un crítico y esto no desaparece en un escritor, tampoco en un crítico. Tal vez la diferencia fundamental sea que la literatura representa el compromiso con el mundo, el ansia de querer enfrentarlo, mientras que la crítica literaria deja ver que su único compromiso es con la literatura. Entonces, ¿no podría ser la crítica su extensión, una especie de filosofía de la literatura?


Bibliografía utilizada:

Auerbach, Erich. Mímesis. México: Fondo de Cultura Económica, 1979.

Barthes, R.: El grado cero de la escritura. México: Siglo XXI, 1983.

Barthes, R.: “Lección inaugural de la cátedra de semiología…”, en El placer del texto y La lección inaugural. México: Siglo XXI, 1983.

Derrida, J. (octubre de 2017). “Esa extraña institución llamada literatura. Una entrevista de Derek Attridge con Jacques Derrida” (V. Tuset, trad.). Boletín, 18, 115-150.

Steiner, George. Lenguaje y silencio. Barcelona: Gedisa, 2003.


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